Malasia.

Hace unas semanas dejamos Malasia, el país que hasta este viaje no habíamos visitado nunca, y en este viaje visitamos dos veces.

Cuando cruzamos el puente que une a Singapur con Malasia, decidimos seguir camino hacia el noroeste ya que las costas del Este era la época del monzón (mal clima para viajar).
Dejamos el sur y fuimos directamente a Melacca, ese pueblo protegido por la Unesco por las pintorescas casitas del año del ñaupa, que adornan las orillas del rio Malacca.
Este pueblo tiene dos caras: la turística que se encierra en algunas cuadras a la redonda de esta zona donde las casas son las protagonistas, y en los alrededores, lo que no muchos visitan, el pueblo real, fiero por no tener ningún atractivo interesante, pero vivo y con miradas de emoción al vernos pasar.
Melacca nos gustó, su parte turística estaba muy tranquila y su paz era contagiosa.

En Melacca empezó nuestra historia de amor con la comida de Malasia, pero ese relato queda para otro momento.

El siguiente destino fue Kuala Lumpur, la capital. Fue primera vez que la visitamos y nos quedamos algunas noches bajo sus cielos, pero también era la primera vez que nos reencontraríamos con Rahul y Priyanka, después de haberlos conocido en su casamiento en India.

El reencuentro fue especial, a pesar de habernos conocido con Priyanka por una semana y con Rahul un día, las sonrisas, la confianza y el cariño fueron como si hubiéramos sido amigos de toda la vida. Cuando llegamos nos dijeron “sientanse como en casa” y hacia rato no nos sentíamos tan tranquilos, relajados y como en casa. No hicimos mucho en la inmensa y calurosa capital, salimos algunas noches con los chicos, y algunos días caminamos por el barrio, pero fue una parada “técnica” donde planeamos un poco los pasos siguientes.

Y así fue que de la Malasia del Oeste, como le dicen a la zona peninsular, saltamos a Malasia del Este, a la isla de Borneo. Y acá nos encontramos con otro país.
Su gente era igual. En su mayoría musulmanes, y una gran mezcla de Malayos, Indios y Chinos. Pero en su forma de vivir, eran distintos. O así lo sentimos nosotros. Porque nuestro viaje por Borneo fue totalmente diferente.
Viajamos del Sur, de la ciudad de Kuching, cruzando por el Sultanato de Brunei, hasta el Norte a la ciudad de Kota Kinabalu, a dedo.
Viajar a dedo nos dio la posibilidad de por momentos querer acogotar a los Malayos (se vendrá otro relato sobre el tema), y también de visitar pueblitos que ni se nos hubiera ocurrido ir o llegar, si no fuera porque quien nos llevaba ahí se quedaba o tomaba otra ruta que nos dejaba lejos del destino. Tambien conocimos malayos que nos hicieron encantarnos con ellos y sus compatriotas: uno nos regaló una bolsa entera de panes chinos rellenos de dulce de coco, otros nos regalaron la fruta de estación, además de que en el camino charlamos por demás y nos compartieron todo lo que tenían, una pareja se desvió de su camino unos 18 kilómetros en total para llevarnos hasta donde nosotros queríamos llegar; unos chicos en horario de trabajo, dejaron su ruta marcada para alcanzarnos hasta la frontera con Brunei porque “nadie va para allá” nos dijeron.
Paseamos por pueblos y ciudades, y en todos sentimos que la vida pasaba más tranquila que en otros lugares del mundo. Muy pocos vivían en el trajín de la vida “normal”, y el resto, disfrutaban de tomarse un teh tarik en el bar del barrio con sus amigos, o se comían unos ricos Rotis con curry a las 9 de la mañana; parece que la vida va a otro ritmo en Borneo.
De Borneo nos despedimos y viajamos a Filipinas, que todavía estoy tratando de dilucidar si merece o no su propio relato, pero ya veremos.
Luego de Filipinas volvimos a Kuala Lumpur, donde nuevamente nos encontramos con Rahul y Priyanka y con su hermana Priya que la que nos invitó al casamiento de su hermana.
Éste reencuentro nos hizo sentir la felicidad que transmiten las relaciones que uno cosecha a lo largo del camino. Siempre con una sonrisa, con ganas de compartir, compartir nuevos momentos, crear nuevos recuerdos, y ser feliz con contar con ése ser, que habita en éste planeta.
Para ponerle el broche al reencuentro viajamos los 5 a la isla de Langkawi donde nosotros nos acomodamos un poco al itinerario de ellos, y fuimos más turistas de lo normal, haciendo actividades cada día y disfrutando del paisaje y con quienes los compartiamos. Nada dura para siempre, y este viaje de fin de semana terminó al llegar el Lunes y con él llegó la hora de una nueva despedida y de seguir camino.
Para terminar nuestro viaje por Malasia con una sonrisa en la cara y en el alma, visitamos el pueblo de Georgetown en la isla de Penang, que merece otra entrada aparte para mostrar un poco el arte callejero que nos invitó a perdernos en los recovecos de éste pueblo de antaño, buscando en cada rincón los distintos murales que distintos artistas han dejado impregnados en sus paredes.
Gracias Malasia por tanto. A vos y a tu gente.
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