La felicidad es real cuando se comparte.

 

[Hace unos días escribí en mi diario viajero]

Hoy cambian las cosas. Hoy se termina un mes de viaje diferente. Un mes de risas, sorpresas, alegrías, emociones y familia. Un mes que hace unos cuantos meses era tan solo una idea que faltaba mucho tiempo para que se hiciera realidad. Un mes que necesitó muchas horas de culo-silla para que fuera lo que fue. Horas y horas de buscar promociones de pasajes, llamadas a compañías aéreas, búsqueda de destinos, de hoteles, y de los lugares para visitar. Horas, horas y más horas, que valieron totalmente la pena.

Hace un mes abrazábamos en el aeropuerto de Sydney, con mucha emoción, felicidad y ganas de compartir a 5 personajes de nuestras vidas que vinieron a visitarnos: Mis papás, mis tíos y la mamá de Marce.

Todo ésto surgió hace más de un año como una linda idea de poder compartir nuestras ganas de viajar con las personas que nos dieron la vida (mis tíos se sumaron después), idea que se vio pospuesta por más de un año cuando volvimos a casa y por haber estado en Australia. Cuando empezamos a organizar el viaje, a soñarlo y programarlo, hubo muchas cosas que pensamos, pero hubo un montón más que no tuvimos en cuenta: viajar con personas que no manejan el idioma no es solo que hay que buscar alojamiento y transporte, es estar atento a todo, desde lo más simple hasta lo más complicado porque entender el menú en el restaurante, comprar agua, ir al médico, alquilar una bici, todo necesita traducción, y siendo 2 los que hablábamos en inglés y 5 los que no, hizo que por momentos se pusiera peluda la cosa, pero sobrevivimos. Lo complicado fue el tener que programar o ver qué hacer cada día, porque uno también quiere sentarse a mirar el atardecer sin pensar en nada, y aunque teníamos ideas y sabíamos mas o menos qué hacer o a dónde ir,  necesitábamos organizarlo nosotros para no perder un día haciendo nada.

Los primeros días fue una revolución de emociones: volver a verlos después de un año, qué lindo fue hablar con ellos de tantas cosas, tomar mates! (se nos había terminado la yerba unas semanas antes) y compartir! Pero con Marce internamente estabamos estresados y sin darnos cuenta al pasar las horas y los días, nos fuimos quedando duros de la cintura al punto que no podíamos cargar las mochilas! Ahí los viejitos ayudaron a los jóvenes. Perdón, Señores viejitos jaja.

Estuvimos casi dos días en Sydney. Por un tema de costos sentimos que no valía la pena quedarse unos días más teniendo que pedir la visa -y pagarla- y gastar una fortuna en alojamiento. Así que les hicimos la “vuelta del perro” en la ciudad, caminamos por los Parques Reales, un poco por el centro de la ciudad y las playas de los alrededores, y algunos supermercados y listo, a tomarnos dos aviones hacia Indonesia.

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Recién llegados del aeropuerto
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La familia reunida en uno de los íconos de Sydney
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La Ópera de Sydney en la noche

En Indonesia pasamos el resto de éste mes viajero. No voy a contar todo lo que hicimos en un mes, pero fue más de lo que pretendíamos y salió divinamente todo. Visitamos varios pueblos, varias islas, vimos playas de arena y de rocas,  playas para nadar y para hacer surfing, salimos de paseo en barco, en carrito de golf y algunos se animaron a la moto,  caminamos muchísimos kilómetros y sobretodo bajo el sol, lo que hace que los kilómetros valgan el doble. Visitamos templos, vimos monos, visitamos bosques, selvas, montañas, lagos, cascadas, regateamos hasta el hartazgo, vimos chucherías, tomamos jugos, cervezas, arak (el vodka hecho con arroz) y también vino de coco. Comimos arroz frito, fideos de arroz, y el preferido de todos, spring rolls. Hicimos snorkeling hasta que nos salieron agallas en el cuello; nos reímos con los locales, nos peleamos con los locales; hablamos de Messi, Maradona, Higuaín, Riquelme, Mascherano, y de algunos jugadores de la prehistoria en cada esquina, en cada taxi, en cada rincón que nos preguntaban de dónde eramos, hasta que empezamos a mentir con nuestra nacionalidad: a veces eramos de Macedonia, otras de Rumanía, y ahí la conversación era corta. Ojo, no lo malinterpreten, cuando el momento daba para charlar decíamos la verdad, pero a los molestos que mientras caminás te quieren vender algo y mientras caminás/corrés te preguntan de dónde venís les respondíamos con la mentirita piadosa. Vimos dos campesinos llevar su manada de búfalos de agua por una de las playas más lindas y tranquilas que visitamos. Comimos choclos asados con brasas de coco y untados con manteca y ajo en cada puestito que veíamos. Nadamos en todas las piletas de todos los hoteles donde nos quedamos. Comimos todas las comidas mínimas y máximas de cada día, o sea que nos la pasamos comiendo. Hubieron muchas primeras veces en éste viaje, pero lo que pasó en el viaje, se queda en el viaje, jaja.
Visitamos Bali en el sur, en el centro, en las costas, en la montaña; visitamos Lembongan, visitamos Gili Trawangan y sus hermanas, y también estuvimos en Lombok, al norte y al sur. Y volvimos a Bali para la despedida.

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Indonesia nos hizo muy felices. Tiene sus cosas feas, como cada lugar en el planeta, y como cada ser que lo habita. Pero tiene tantas cosas lindas. Tiene playas lindas, sus aguas templadas, sus corales y sus peces de colores, su selva y sus monos, sus montañas y sus volcanes, sus cascadas y sus enormes caracoles y gekos. Además tiene gente que sonríe a la vida casi constantemente, y eso hace que uno quiera ver más del lugar.
Capaz que para nosotros, los dos viajeros, Indonesia no fue un shock cultural, pero para los viajeros que nos acompañaban fue la primera vez de muchas cosas, como el ir a un país donde hablan otros idiomas y no el propio, donde las costumbres cambian, las formas de vivir y de manejarse son otras, donde uno tiene que adaptarse a ellos y no al revez, pero donde más allá de todas las barreras las sonrisas siempre estuvieron a flor de piel.

Ha sido un viaje único e inolvidable y no podríamos estar más felices de haberlo propuesto en su momento, de que se llevara a cabo y en el transcurso que todos lo disfrutáramos lo mejor que podíamos y sabíamos.

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2 thoughts on “La felicidad es real cuando se comparte.

  1. Increible! Me encanta que hayan podido compartir esto con sus familiares! Realmente genial todo lo que escribiste, lo vas imaginando a medida que vas leyendo y es como estar ahi con ustedes! Y me fascinaron las fotos 🙂 sigan disfrutando a full! Mientras aca los seguiremos extrañando.. besos para los dos!!

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