La Costa Este.

Llegar a la costa significó el fin de muchas cosas y el principio de otras.

Dejamos atrás lo que parecía una interminable y tediosa autopista,  para tomar caminos secundarios e ir cerca del mar, de los bosques, de los pueblos, lejos del stress de querer llegar rápido a ningún lugar y la falta de respeto por la vida por parte de muchos conductores.

Dejamos atrás los árboles que tapaban la vista, para llegar a ver los árboles que eran parte del paisaje, de bosques de color verde brillante, que bordean las playas.

Significó también dejar atrás los  lugares gratuitos para dormir en nuestra van; y empezar a sentirnos perseguidos por las miradas, por la ley y tener que pagar precios exorbitantes para estacionar nuestra van en un pedazo de tierra privado, que sólo nos permitía usar el baño y la ducha.

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La autopista y la lluvia que nos corría
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El mar y su paz ambiental.
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Una Kookaburra. Amamos cómo se ríen.
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Murciélagos por doquier.
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Natura para pasar el día.
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Un portón muy playero.

Dejamos de apurarnos para llegar, porque ya estábamos ahí. Pero empezó el apuro de buscar un lugar donde nos quisiéramos quedar y buscar trabajo. No tuvimos en cuenta que en ésa zona el invierno no es invierno como los de casa, pero tampoco hace calor. Para el verano eterno había que seguir viajando muchos, muchísimos kilómetros hacia el norte. Y no queríamos. Pero era ahí donde conseguiríamos trabajo fácilmente.

Aunque la búsqueda de trabajo fue complicada, aprovechamos de los días lindos que la costa nos regaló en la mayoría de los lugares donde paramos. Yo logré dejar atrás mi miedo a que una de las criaturas que más admiro en el planeta –los tiburones- llegase a probar un poco de mi carne con una  mordida, y disfruté de meterme al mar más allá de la rodilla y no más allá de la panza. No quería tentarlos. Marce no tiene problema con los tiburones, si fuera por él nadaría hasta encontrarlos.

Aprendimos, una vez más, a dejar los prejuicios de lado, nuestros prejuicios. Somos reacios a las ciudades y a los lugares más visitados, porque todo se vuelve demasiado, siempre lleno de gente, basura, ruido y poca paz. Pero en la costa, el pueblo playero de Byron Bay (que aparece en todas las listas de “los lugares que tenés que visitar cuando venís a Australia”), nos sorprendió para bien.. Capaz era porque estaba terminando la temporada de verano y había poca gente, o capaz porque ahí hubo un reencuentro con amigos, que hizo que todo el viaje, valiera la pena.

La primer noche, nos encontramos con Luque y Charlitos en la playa. Luque había cumplido 2 años viajando, así que se había auto-regalado un Fernet (que son un poco caros en ésta zona del mundo) y tuvo el mejor gesto que nadie podría haber tenido. Compartió su Fernet con nosotros dos y con Charly, un inglés argentinizado. Qué buen momento. Charla de reencuentro, oliendo el néctar de la vida, y de fondo, el mar nos amenizaba el ambiente mientras subía la marea y después de unas horas, nos echaba de la playa.

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Con amigos la vida es más bella

A pesar de todo lo lindo y lo bien que lo pasamos, después de unos días decidimos seguir hacia el Norte, buscando un lugar para asentarnos.

Visitamos varios pueblos y pueblitos, unos más lindos, otros más turísticos, visitamos la capital de los avistajes de Ballenas Jorobadas, como nuestros Puerto Madryn, Hervey Bay es reconocido para tomar un barco e ir a ver a los gigantes del océano.
Después de unos días de relax playero pero stress mental por conseguir trabajo, luego de varios mails y llamadas, conseguimos trabajo a más de mil kilómetros tierra adentro. Pero ésa, es otra parte de la historia.

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En una montañita de por ahí

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Atardecer en Hervey Bay

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5 thoughts on “La Costa Este.

  1. Primero que todo… Wow!
    Segundo… El portón caribeño es una excelente foto de portada 🙂
    Tercero…. No sabía que la Costa este era tan poco amigable con el viajero…
    Yo le tengo mucho pánico a los bichos de Australia… Mucho!
    Tengo ganas de volver a las rutas .. Mucho tiempo del mismo trabajo, mucho tiempo del mismo lugar.
    Justo ahora estamos terminando un viaje en campervan, nos tomamos 10 días de break… Y este break nos fogueo el espíritu jajajajaj pero aún tenemos que resolver un par de cosas de papeles para lanzarnos a los “leones” nuevamente.
    Me encantan sus aventuras! 🙂

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  2. Qué buenas fotos! Si hay algo que admiro en ustedes es que se animen a viajar así, buscando laburo en el camino. Yo no podría y sé que me pierdo mucho al ser tan estructurada pero también es cierto que no lo disfrutaría ni un poco por el nivel de stress que me generaría jjiji

    El otro día fui a una tienda “de inmigrantes” como le dicen acá y encontré yerba con yuyos – paraguaya pero bue! Me puse tan contenta que casi lo abrazo al dueño, y eso que es feo eh.

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    1. Un abrazo no se le niega a nadie, por más feo q sea. A menos que sea una fea persona, ahí si no se lo merece.
      Y lo del trabajo te lo entiendo. A nosotros nos encanta porque nos da la libertad de trabajar cuando es necesario o en “temporada” y cuando las cosas se ponen feas, armamos la mochila y seguimos viaje..
      Yo extraño algunas cosas de vivir en un lugar. Tener un espacio propio, y poder tener un poquito más de cosas que sólo lo que la mochila me permite.. Pero se que es un tiempo… Se sobrevive y se aprende tanto de todo esto!

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