Un nuevo comienzo

Y siempre me termina pasando lo mismo. Dejo pasar el tiempo para contar algo más contundente, y me olvido, o me cuelgo, o quién sabe qué, y el tiempo que pasa es tanto y hay tantas cosas o cositas por contar, que no sé por dónde empezar, y termino haciendo un no-tan-mini resumen de lo que hemos estado vivenciando, y después el tiempo sigue pasando y me olvido de contar las profundidades existenciales con las que convivimos y que en cierta forma hacen al viaje. Perdón por eso. Perdón a ustedes, y  a mí misma.

Así que acá va mi resumen desde que volvimos a Australia, después de un mes de viaje y delicias en India.

Después de una semana en Melbourne donde nos dimos el tiempo de hacer trámites y papeles antes de alejarnos de la ciudad, volamos a Tasmania, más exactamente a la ciudad de Hobart, donde nos encontramos con Phil y Jane, los papás de nuestro amigo Nick, que aceptaron muy amablemente alojarnos en su casa hasta que nosotros encontráramos trabajo.

Phil y Jane viven a media hora de viaje de Hobart, en una zona de granjas familiares. En su granja, además de tener su huerta y gallinas, tienen una plantación de Nogales, de los que cosechan nueces verdes para hacerlas en pickles (riquísimas con un poco de queso y galletitas) y el resto las cosechan en término y las venden con cáscara y sin. Como no era época de cosecha, durante el mes que estuvimos con ellos desmalezamos el jardín, cambiamos el sistema de riego de la plantación, hicimos nuevos números para identificar las hileras, cortamos el pasto del jardín y el pastizal de uno de los cuadros, tapamos los pozos de la calle de entrada, hicimos el camino al gallinero, pff! Tantas cosas que al final no sabían qué inventar para darnos algo para hacer. Así que la última semana ayudamos a un vecino instalando el nuevo sistema de riego, le podamos los pinos, y mientras trabajábamos ahí disfrutamos de comer frambuesas, loganberries, grosellas, y cerezas directamente de las plantas. ¡Puro placer!

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Marce cortando los pastos de uno de los cuadros.
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El patio de la casa de P y J.
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Los placeres de la vida de granja.
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Pintando los carteles de las hileras
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Paseando por ahí
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La playa protegida por el bosque.
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Tasmania y su sequía de éste año.

 

A mediados de Diciembre viajamos a la Costa Oeste de la isla de Tasmania. El viaje lo hicimos en bus, y tardamos 6 horas para hacer 300 kilómetros. El viaje fue hermoso. Desde que dejamos la ciudad, la ruta estuvo rodeada de verde, verde, verde. Todo cubierto de bosque con los eucaliptos acariciando los cielos y son sus pies cubiertos con otras plantas, un sotobosque tan tupido que parecía selva.

Nuestro viaje, y el del colectivo, terminaba en Strahan, un pueblo de 900 habitantes, al cual vinimos por trabajo. El conductor muy amablemente nos dejó en la puerta de nuestro nuevo trabajo/casa, no tuvimos ni que caminar ni que pedir indicaciones, una de las cosas buenas de haber venido a un pueblitito.

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Hace un mes que estamos en Strahan. Hemos estado trabajando en el sector de limpieza del Strahan Holiday Retreat, donde hay 65 casitas/cabañitas, y también hay lugares para casillas rodantes y carpas. Nos toca limpiar las casitas/cabañitas y los baños públicos. El ser buenos trabajadores nos ha dado varias ventajas sobre el resto, hacemos tareas muy variadas y a diferencia de los otros trabajadores que hacen 6horas los días que trabajan (que son menos de 5 por semana), nosotros trabajamos 5 días por dos de franco y hacemos 8 horas cada día.
Vivimos en la cabañita 64 del lugar, que aunque está en el centro del parque, estamos cerca de todo (y para estar lejos en éste pueblo uno tiene que irse al siguiente, jajaja), tenemos nuestra privacidad, y una mesita en la que nos podemos sentar afuera a disfrutar del aire y el sol, a escribir, comer, charlar, relajar.

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Nuestra casita
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La vista desde nuestra casita.

 

 

Personas con las que compartimos en éste tiempo fueron K. y K., una pareja de neocelandeces que en dos semanas se van y nos dejan tristes y abandonados; y los tres alemanes D., L., y M. que también nos dejan tristes y abandonados porque se van mañana los muy suertudos a viajar en velero por tres semanas. Tampoco lo digo con mucha envidia porque me he dado cuenta que me da miedo en pensar en navegar en mar abierto. Prefiero navegar en mi laguito preferido, donde siempre veo la costa, y donde no hay tiburones.

 

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En éste tiempo acá hemos podido ver que la gente de éstos pueblos no vive sin fumar, sin tomar a diario, y como dicen otros, sin pelear.
Trabajamos con una madre y su hija de 16 años. Las dos fuman. La hija fuma con la madre y viceversa, sin ningún problema.
Somos 9 trabajadores en el sector de limpieza. De los autóctonos que son sólo 6, 5 han llegado a trabajar con resaca, casi todos los días que trabajan. Son más comunes los días que vienen con resaca que los que no. La otra persona que no viene con resaca, es porque tiene un sólo riñón y no toma.
Lo de que los habitantes de éste pueblo no viven sin pelearse es porque, creemos, que al ser siempre los mismos y no haber mucho cambio en una vida tan rutinaria y aburrida, terminan las jodas siempre queriendo pelear porque sí, sin razón aparente, sólo por hacer algo diferente.

Al principio nos costó un poco hacernos un lugar en el grupo. Son medios cerrados y no nos hablaban mucho. Entablamos relación con Delia, una filipina muy amable, que nos llevó a ver a Papá Noel cuando vino al centro del pueblo en sus pantalones cortos. Pero con el resto costó un poco más. Costó entenderles todo lo que decían, porque juntan las palabras y pronuncian todo más cerrado, pero una vez que superamos ésa barrera, empezamos a hacer chistes y charlar un poco más con ésta gente, y el trabajo ahora es más entretenido, porque el compartir risas con los compañeros hace que las horas pasen más rápido y el trabajo no sea tan pesado.

EL pueblo es muy pueblo en muchos sentidos, y a cualqueira que le gusten las ciudades se embolaría mucho estando acá. Pero nosotros no. Disfrutamos de la tranquilidad, el silencio y la calma que nos da éste punto en el mapa. Estar rodeados de árboles y poder ver el mar cuantas veces querramos en el día, son cositas que apreciamos más que tener el cine cerca, o un gran supermercado (que para ir a hacer las compras del mes viajamos 2 horas hasta la ciudad más cercana)

Proximamente, habrá más novedades de nosotros. Espero.. jaja

Gracias por acompañarnos siempre en cada paso de nuestros viajes y nuestras vidas.

De regalo, un poco más de paisajes de la zona.

 

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8 thoughts on “Un nuevo comienzo

  1. Jajaja, descocada! “embolar”, “joda”… estas hecha una loca! jajajaa!
    Me encantaron las fotos! sobretodo una que se ve la playa, las huellas de la camio, y la arena volando, que lugar mas raro…mas…inhospito, me gusta!

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  2. El escribir es como un buen amigo : no importa cuánto tiempo lo dejemos esperando, siempre está cuando volvemos. Me encanta tu manera de contar y puedo imaginarme el silencio, la paz y la armonía de un lugar así. Cuánto aire para respirar! Sin duda es hermoso, al menos para mí. Thumbs up, girl! Que la vida te siga sonriendo! 😛

    Le gusta a 1 persona

      1. Ah, no están en BRC? jaja Y sí, es difícil seguirles el rastro a ustedes! Son muy hormiguitas viajeras ! O culo inquieto, depende a quién le preguntes jajaja! Besotes Rubia! Está nevando con todo por aquí! Wiiiii! 😛

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