15 días viajando sin mi alma.

Hace un tiempo encontré algo que me alegra el alma. Mi ukulele, cuando lo toco, me transforma, me alegra, me transporta. No fue fácil viajar sin él. No fue fácil vivir sin él.

Todo empezó por un enojo. Por un simple enojo. Pero muchos no saben o no se dan cuenta (hablo de los seres de género masculino) de que los enojos no salen de la nada misma, como los hongos debajo de los pinos cuando llueve. Los enojos son frutos que se cosechan después de esperar un tiempo –indefinido- desde la siembra.

Mi enojo fue una suma sin freno de situaciones que fuimos viviendo.

Llegamos a la ciudad que deseábamos, en plena semana del Año Nuevo Chino. Mal, muy mal. Todos los hospedajes, buenos y malos, esperaban recibir de nosotros 3 (ya que viajábamos con nuestro amigo Víctor) una suma de dinero que era una locura. Caminamos y caminamos la ciudad, bajo el sol, con el calor que nos hacía sudar hasta en la sombra, buscando un hospedaje que no fuera ni decente pero que nos pidiera una suma de dinero que sí lo fuera. Y así, después de una hora y media de ir y venir, conseguimos lo que buscábamos. Dejamos los bártulos y salimos a caminar.

Los países que festejan el Año Nuevo Chino tienen desde 2 a 4 semanas de vacaciones por la fecha. Y los otros países, se aprovechan del momento y suben sus precios a más del doble. Hay demasiada demanda, y no tanta oferta. Fin. Caos total. Ciudades infestadas de chinos, y súper híper caras.

Nuestra relación con Luang Prabang no empezaba de manera armoniosa.

Al día siguiente, después de un desayuno frugal, los muchachos del grupo decidieron salir a caminar, habiendo coordinado que saldríamos una media más tarde. Pero parece que no fue suficiente la media hora para caminar por la ciudad, y volvieron al hotel una hora más tarde, para encontrarse con una rubia furiosa (yo) porque habían llegado media hora más tarde de lo estipulado.

Mi enojo fue básicamente por lo siguiente: no estoy hecha para el calor. Soy Patagónica, y no hay con qué darle, no funciono en el calor. Es como si me oxidara y todo me cuesta el triple. Caminar. Pensar. Y menos que menos me pidas hacer las dos cosas juntas!

Y así, como llegaron, salimos caminando hasta la rotonda donde habíamos decidido ir para hacer dedo para llegar a nuestro próximo destino. Repito: bajo pleno sol del mediodía con 30 grados de calor.

Al llegar al lugar, la única sombra existente era gracias a un toldito donde se refugiaba una señora junto con unas 20 sandías que tenía a la venta. Preguntamos pero no recibimos respuesta, ni mirada alguna. Igualmente nos sentamos en una esquinita de la sombra mientras nos turnábamos para hacer dedo.

Fue muy rápido. No habían pasado más de 10 minutos que paró un vehículo con patente china. Una familia china que estaba de vacaciones por Laos que viajaban en conjunto con otros amigos, en 2 vehículos. Nos dividimos, dos viajamos en un auto, el otro en el otro, y salimos con rumbo a nuestro destino.

En el camino charlamos con la madre que era la única que hablaba inglés. Ella le traducía al padre lo que decíamos y los hijos de 6 y 9 años, le decían cosas para que nos preguntara.  Yo no podía prestar mucha atención ya que debía enfocar mi vista en el camino para no descomponerme, y además estaba asombrada por la forma de manejar del señor. Muy diferente a lo que estamos acostumbrados. Las rutas tienen pozos, que es lo más normal, es raro que el asfalto esté intacto; y así y todo el señor iba a una velocidad que no era extremadamente alta, pero sí lo era para las condiciones de la ruta. No nos daba miedo por nosotros, nos daba remordimiento por el vehículo. Una camioneta divina pero que en ése momento estaba siendo muy maltratada! Casi que llamo a Protección Vehicular, pero no tenía señal  en el teléfono.

Bueno, dejándome de palabrerío, les cuento que paramos en el camino para comer. La señora nos hizo de traductora para pedir, y también para charlar con la otra familia. Comimos entre todos semillas de girasol (pipas), maníes y algunos caramelos como de snack antes del almuerzo. Una vez todos felices después de haber almorzado, continuamos camino hasta donde la ruta se bifurcaba. Ellos seguirían para la izquierda y nosotros para la derecha.

Nos bajamos, bajamos nuestras pertenencias del auto, saludo por aquí, saludo por allá, una foto y chau. Nos acomodamos en la esquina para seguir haciendo dedo para llegar finalmente a destino y es ahí, parada sosteniendo con una mano el cartel hecho de cartón y con la otra haciendo la seña asiática de “hacer dedo”, que me doy cuenta. Se me cae el alma al piso. No lo puedo creer. No puedo ser tan boluda.

Y a los gritos dije – “Marce, no puedo ser tan pelotuda! Me olvidé el ukulele!”

Mientras yo gritaba y me lamentaba paró un vehículo, Victor se adueñó de la situación y consiguió que nos acercaran hasta el pueblo donde íbamos.

Los peores 30 kilómetros de mi vida. No lloré. No me salían las lágrimas. Pero estaba furiosa. Tengo dos cosas importantes que transportar, mi mochila y el ukulele. Cómo fue que me subí tan desesperada al vehículo sin chequear siquiera si estaba todo en orden.

Dos días tardé en des-angustiarme. No fue una des-angustia total. Pero pude volver a sonreír. Algo en el fondo me decía que todo estaría bien.

15 días pasaron desde que lo dejé olvidado, ahí parado contra una piedra, a la sombra del toldito que vendía sandías en Luang Prabang. 15 días que estuvimos recorriendo el norte.

Hoy mi día empezó más o menos, y se puso peor.

Empezamos por levantarnos medio tarde cuando nos queríamos levantar medio temprano. Necesitaba ayuda de mi banco, llamé y no me ayudaron en nada y además me hacen la vida más difícil. Terminé llorando cuando corté la comunicación. No hicimos nada en la mañana, la perdimos entre despertarnos y desayunar. Después del almuerzo, que no fue de lo mejor, decidimos con Marce aprovechar que todavía no era demasiado tarde para ir a buscar a la señora del puestito de sandías.

Llegamos al lugar. La señora no estaba. Ni su toldito. Estaba toda la cuadra tapiada con chapas. Estaban por empezar una construcción y toda la zona estaba cambiada.

-Caminemos un poco para allá. Me dijo Marce con su voz de “estará todo bien”. Yo ya estaba al borde del llanto.

En la esquina encontramos un puestito que vendía frutas. Entre ellas sandías. No era la señora, y el puestito estaba sobre la caja de un camionsito. No era, pero por las dudas pregunté. Al leer mi cartita, que escribí en español y el señor Google Translator me tradujo al laosiano, enseguida me dijo que no, con cara de comprensión.

Seguimos caminando.

Vamos a preguntarle a la señora de allá, que la otra vez estaba mirándonos. Me dijo Marce. Era la peluquera de enfrente al lugar donde me había olvidado el ukulele.

Lo mismo. Le mostré mi cartita. Me dijo que no. Traté de preguntarle si sabía dónde se había ido la señora. Me dijo que no.

Demos la vuelta a la manzana. Insistió Marce. Yo ya me había dado por vencida, pero lo seguí.

A lo lejos ví un toldito. No me quise dar falsas esperanzas así que traté de llegar sin pensar en nada. Marce ya estaba sonriendo. Llegamos. No era la señora. Pero sí era el toldito. Le mostré mi cartita. Entre su lectura se reía. Creo que el señor traductor no lo tradujo perfectamente. Pero sirvió. Se hablaron entre ellos, con señas le hice como si tocara una guitarrita, y el marido de la señora se paró y se fue en su moto.

Sit down. Nos ordenó ella mientras nos acercaba una sandía y un cuchillo. Le quisimos pagar pero no quiso.

El toldito de la señora que vendía sandías.El toldito de la señora que vendía sandías.

Entre mordiscos de sandía, saludos de los nenes que pasaban en los vehículos por la ruta, pasó el tiempo. La gente paraba a comprarle sandías. Pero mi ukulele no aparecía.

Llegó una camioneta y se bajó un hombre y vino directo a hablarnos en inglés. Pfff! Seguro nos quiere vender algo pensé. Detrás de él bajó otro hombre y una señora.

Es la señora!  Me dice Marce. La miro. Era ella. Comienzo a relatar mi  historia a Fong, el primer hombre que se bajó, es el primo, y hace de traductor. El segundo hombre se vuelve a la camioneta y regresa con mi ukulele en la mano. Me volvió el alma al cuerpo. No lo podía creer.

Fong lo saca del estuche y me muestra que está en las mismas condiciones en que yo lo dejé. Incluso mejor, me desajustaron las cuerdas para que no le hicieran presión a la madera durante mi ausencia. Estaba todo, mi librito de canciones, mi afinador. Todo.

Sin dudar agradecimos semejante gesto. Los gracias no alcanzarían nunca a demostrar lo verdaderamente agradecida que estaba yo por haber olvidado mi ukulele junto al puestito de sandías de ésta familia.

Entre llantos y sonrisas, les di la mano más de dos veces a cada uno. Creo que entendieron lo valioso que fue para mí su accionar. Asimismo, como yo había escrito en mi cartita, recompensé la actitud de la familia. No podía hacer menos.

Y éstas son las cosas en las que tenemos que centrarnos en la vida. Ver lo bueno que pasa, a cada lado del mundo, y a cada segundo del tiempo. Gente buena hay por todos lados. El problema es que nos centramos en lo malo.

Gracias Laos, por mostrarme la otra cara de tu gente. Por hacerme tan triste y tan feliz, en un mes viajando por tus tierras. Y todo, por éste simple instrumento de 4 cuerdas.

La señora que rescató mi ukulele.
La señora que rescató mi ukulele.
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8 thoughts on “15 días viajando sin mi alma.

  1. ay pulguicienta….qué….pelmaza que sos….sentimental…llorona…tonta….rubia???? jajaja, será por todo eso que te amo…y me alegro muchiiiiiiiisimo que ese chiquito haya vuelto a ti….besotes y mas besotes

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  2. Ahhhy Rubia! Qué ganas de apapacharte! Qué bueno que se reencontraron tu ukelele y vos ! A mí el calor me pone de un extramo mal humor, me baja la presión, me duele la cabeza y sólo quiero tirarme en el piso en posición fetal jajaja! A ver cuándo colgás un mini concierto así escuchamos al perdido/reencontrado ukelele!

    Besos inmensos.

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  3. Qué lindo que haya gente tan linda!!!! y qué linda historia, por eso siempre hay que tener paciencia, y cuando pensamos que algo malo esta pasando, siempre es por alguna razón y seguro es para cruzarnos con gente que tenemos que conocer… les mando un abrazote!!!!!! 🙂

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    1. Hablando de alma… después de leer tu relato me volvió el “alma” al cuerpo, pensé que te habías peleado con Marce. Tené en cuenta que cada cosa que “nos pasa” son señales que nos manda el universo para enfocarnos en lo que debemos, de algún modo nos están indicando caminos o aprendizajes a seguir. Señal de qué habrá sido esta pérdida y este hallazgo? Te quiero mucho, recordá que el viaje que estás haciendo es todo un logro tuyo y de Marce, valorá cada cosa que te pase “buena” o “mala” (las comillas indican la relatividad de cada adjetivo) y DISFRUTÁ!!!
      Te quiero, tengo muchas ganas de verte, a vos y a Marce. Cuídense, quiéranse!!! Mi besos y abrazos mi hermosa pichona.

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      1. Gracias tía! cuánta verdad hay en tus palabras, siempren pienso eso la verdad, pero en el momento cuesta darse cuenta de ¿por qué a mí?. Perdon por haberte asustado, igualmente si nos peleamos se van a enterar d eotra manera! jajaja
        Gracias por el reconocimiento del viaje. A veces me tengo que frenar en la mente, y decirme a mí misma ésas palabras y tantas otras para darme cuenta de lo que estoy viviendo y tratar de disfrutar de todo al máximo porque después, en algun momento, lo voy a extrañar, no tanto como te extraño a vos, pero sí se van a extrañar los 40 grados de calor, las mismas comidas día a día, y el no entendernos con la gente de acá, jaja.
        Mil besos tía. Te adoro!

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