Nuestra relación con Vietnam

No desaparecimos de la faz de la tierra (aunque parezca). Desaparecimos de las conexiones cibernéticas. Vietnam nos atrapó entre sus ciudades caóticas y sus pueblos tranquilos, entre los pastizales y las montañas cubiertas de selva, entre los campos de arroz y de frutas que sólo crecen por éstas tierras, nos atrapó en una relación que fue del amor al odio, en repetidas ocasiones, pero  al final de cuentas, disfrutamos de cada centímetro recorrido, de cada sonrisa que sacamos de los locales, y de cada problema que superamos con medalla de oro.

Llegamos a la ciudad de Saigón (conocida como Ho Chi Min), que aunque se nota que es una ciudad preparada para el turista, sobretodo en el centro donde están todos los hoteles y restaurantes destinados a los turistas, es una de las pocas ciudades que hemos visitado que me gustó, tenía un no-sé-qué en el aire que inspiraba (a sentarse en una mesita de tamaño de jardín de infantes, a tomar una cerveza observando a los transeúntes y a los vendedores pasar). Nos sentimos a gusto con el día a día que vivimos en ésta caótica ciudad, y desde aquí  partimos con rumbo al Delta del Río Mekong, donde hicimos un tour de 3 días.

Nos decepcionó un poco que hicimos más trayectos en bus que en barco, y que los pocos atractivos que vimos en el río, no nos mostraba la vida de la gente en él, sino que nos mostraban cosas que al final siempre intentaban vendernos. Así y todo, le sacamos el jugo, vimos el lado positivo de lo que vivimos, y lo disfrutamos muchísimo.

Nos movimos mayormente en barco con motor por el río principal, navegamos en piraguas a remo por uno de los mini-canales del río, y el resto del andar lo hicimos en bus y en camioneta.
Visitamos Pagodas (templos budistas), una fábrica de caramelos de coco (demasiado dulce para mi gusto), una plantación de árboles frutales, un mercado flotante, una fábrica de láminas de arroz, a partir de los cuales hacen los fideos de arroz, visitamos una casa de gente local, en la cual crían peces que después son exportados por su carne, y visitamos un pueblo que practica la religión musulmana, y viven en una isla del delta, que uno de los mejores lugares del tour ya que caminamos por sus calles tranquilas observando a los locales vivir su vida sin apuro ni prisa, ofreciéndonos siempre una sonrisa.

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La magnitud de la ciudad, Ho Chi Min.
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Todos jugando al Futbol Thai, en la plaza
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Las vistas de las calles de Ho Chi Min
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Carnicería a domicilio en una de las islas de Delta del Mekong.
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Mercado Flotante.
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La vida en el Delta del Mekong
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El puestito de las sandías.
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El restaurante flotante
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Una de las pagodas más lindas.

De regreso en Ho Chi Min, decidimos hacer lo que muchos mochileros están haciendo hoy en día. Comprarnos unas motos y viajar Vietnam en ellas. Le pedimos ayuda a un chico local, que nos consiguió dos motos estilo scooter, y al día siguiente nos dispusimos a viajar con el viento en la cara y el sol en la piel.

Datos aproximados del viaje en moto: Hemos  viajado 22 días, dormimos en 13 distintos lugares, hicimos 1800kms, y recorrimos unas cuantas provincias de las 58 que posee el país. Viajamos por la costa, por las montañas, por desiertos y por selvas, por ciudades, por pueblos, por rutas solitarias, por rutas en construcción y por rutas recién pavimentadas, visitamos algunos talleres mecánicos, viajamos de día, arribamos algunas veces de noche, casi me quedé sin nafta una vez (volvió a prender y llegué al pueblo, creo que con el olor de la nafta que quedaba en el tanque), vimos tantas cosas que no puedo seguir enumerando.
Pero puedo decir que Vietnam no se puede recorrer de otra manera. La facilidad de viajar en moto y decidir ir a ésos pueblos donde los turistas no van, de viajar por las rutas más lindas, y las menos transitadas, no tiene precio. Uno conoce al verdadero Vietnam de ésa manera, porque las ciudades o puntos turísticos, están muy corrompidos por la necesidad de venderle algo al turista, y es en ésos lugares donde uno ve que el Vietnamita no es tan amable, ni agradable. Hay que irse un poco más allá para poder vivir las sonrisas, la amabilidad desde los más chicos a los más grandes, a  ver que cada niño que se te cruza te grita “Hello” y que si les respondés “Xin Chiao” (Hola en Vietnamita) se ríen como si les hubieras contado el chiste del siglo.

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La relación con el país mientras viajábamos por las rutas secundarias, fue siempre de amor. El odio llegaba a romper la paz de nuestra relación cuando teníamos que transitar unos kilómetros de la ruta principal del país, o cuando teníamos que ingresar a las ciudades.

Hemos dejado sus tierras, pero nuestra relación no ha terminado. Estamos a unos días de que sea el Año Nuevo Lunar (Año Nuevo Chino) que en Vietnam se festeja. Todo cierra por una semana, restaurantes, locales, supermercados, y lo que se mantiene abierto aumenta sus precios. A pesar de que estábamos a más de 10 días de llegar a ésa fecha, quisimos extender nuestra visa en distintos puntos del país, en los del centro  nos dijeron que debíamos ir a Hanoi (su capital) y cuando llegamos a Hanoi,  nos pedían U$170 cuando en realidad debía salir entre u$30 y u$50. Todo esto por estar en el mes del festejo de su Año Nuevo.  Así que con bronca de sus ganas de aprovecharse de los turistas y de las pocas facilidades que nos dan a los que queremos recorrer su país, nos vinimos a visitar a su vecino, Laos, sabiendo que en un mes, estaremos regresando para visitar el norte y ver si nuestra historia de amor, termina, después de todo, con un final feliz.

Si querés seguir viendo nuestras fotos viajeras, entrá a nuestra cuenta de flickr Soñando Despiertos.

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7 thoughts on “Nuestra relación con Vietnam

  1. Qué buen viaje! No sos la primera que escucho que en Cambodja, Vietnam etc los habitantes en contacto con los turistas han perdido su sonrisa. Notable y triste.
    Buenísimo que han podido recorrer el país en motomel (jeje). Debe ser muy divertido aunque cansador después de tantos días!
    Un encanto tu poncho de lluvia. Les tocaron buenos días o usaron el poncho a morir?
    Besotototototes! Motomeleen hasta acá !

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    1. No será posible motomelear hasta allá porque nuestros “mesejantes” cuerpitos no disfrutan de tanto tiempo de viaje en motitos de ciudad! jaja estuvo muy buena la experiencia, si hay próxima será en mejores motos, eso seguro!!
      Gracias al clima los ponchos los compramos 3 días antes de terminar el viaje y los usamos sólo 2 días, y los tiramos a la basura porque creo que una bolsa de consorcio era más duradero que ése plastiquito a lunares! jajaja
      En Cambodia no sentí para nada la pérdida de la sonrisa, sólo cuando llegamos, una vez en un mes, mientras que en Vietnam fueron incontables veces en un mes. No importa la sonrisa, importa que saques los billetes de la billetera, es una tristeza, que se está repitiendo en el queridísimo Laos. Veremos qué sucede con el transcurrir de los días.
      Besotototes!

      Me gusta

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