La Yoli

Para los que tienen el placer de conocer a mi hermana, Mónica, conocida como Monana, saben que es una artista como pocos, y hace que una historia corta y aburrida sea la historia mejor relatada de la vida, con show en vivo y seguramente terminas estallandote de risa. Si, así de exagerada soy, porque así de exagerada para contar algo es mi hermana.

En nuestras últimas semanas en Nueva Zelanda, Monana, que sabía que nuestro siguiente destino sería Tailandia, se contacta con nosotros para contarnos que estaba en ése mismo momento, mirando un programa de comida Tailandesa, y entre relatos y fotos nos fue contando de las comidas típicas de ése país, y no dejó de mencionarnos cada detalle que en el programa contaban.
Nos hizo reír mucho al hablarnos en Tai, diciendo que  el lenguaje de ése país es igual a los sonidos que provoca  tirar todas las ollas de la cocina. Si uno hace esos ruidos, ya está hablando Tai.

En el programa hablaba el Chef de un restaurantq quién contaba un poco de las comidas Tailandesas. Monana no nos explicó mucho -por no decir “nada”- de las comidas de las que el señor hablaba pero por lo menos le sacó fotos a la pantalla de la TV para mostrarnos cómo se veían.

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Sticky Rice con Papa o con Banana. Es dulce como un postre
la foto 2
unas especies de gelatinas que no nos hemos animado a probar todavía
la foto 3
Venden mango con arroz y sweet chilli. Tampoco nos hemos animado a probar.
la foto 5
Manzana Roja

Entre  relatos y fotos, mi hermana empezó la fantabulástica historia de  “La Yoli”
Ésta es la Yoli, una señora se ve que muy simpaticona, vendiendo sus megas frutas, en quién sabe qué ciudad de Tailandia.

la foto 3 (1)
“En ése edificio vive la Yoli, si le piden puede ser que se consiga unos colchones y los tire en el living, y se pueden ahorrar en hospedaje” nos dijo Monana por mensaje.

Pasó el tiempo y nosotros nos olvidamos. Seguimos nuestro viaje en ésas últimas semanas por Nueva Zelanda, y finalmente llegamos a ése destino que tanto nos llamaba la atención por lejano y desconocido.

En Bangkok estuvimos 4 días. En la última noche fue que sin querer queriendo encontramos el muelle en el río, donde nos tomamos un barco para pasear un poco, sin destino fijo ni nada, sólo ir un poco más allá de lo que los pies y el calor de la ciudad nos permitían. Cercanos a una parada del barco, la señora que cobraba los tickets dice que en ésa próxima parada estaba Chinatown. En nueva Zelanda, Sue, nos había recomendado que teníamos que ir a ése barrio, que por las noches los locales cerraban y se llenaban de puestitos de comida y que era lo mejor que había en Bangkok, así que sin dudarlo, nos bajamos del barco para visitar semejante lugar.

El comienzo del camino fue raro. Se vían puestitos a oscuras, y que en su mayoría estaban cerrando. “Llegamos tarde” fue lo que dijimos, pero era inpensable que cerraran tan temprano (20.30pm). Seguimos caminando, y al preguntarle a unos franceses iguales o más perdidos que nosotros, terminamos creyendo que ya era tarde y que estaba todo cerrado. A pesar de eso, al llegar a la calle principal, y decidimos caminar un poco para disfrutar del barrio. Y fue ahí cuando nos encontramos con lo que habíamos ido a buscar. Cuadras y cuadras de puestitos de no sólo comida, sino que de frutas, jugos, insectos fritos, remeras, adornos, bisouterie, electrónica, lo que se te ocurra; y acompañando ése escenario, lo que parecía miles de personas caminando por la calle -porque la vereda está saturada de los puestitos y si son restaurantes ponen las mesas en la vereda, por lo que no se puede caminar- y un tráfico increíble atascado en algunas zonas, sobretodo por la cantidad de gente tratando de cruzar constantemente.

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Y fue en ése caos y en esa vorágine de comidas y personas, que al darme vuelta para señalarle a Marce que mire algo, lo veo petrificado, como si hubiera visto un fantasma “¿Qué te pasa?” le digo,  y me responde con una sonrisa “Mirá” y me señala con el dedo hacia un puestito a mis espaldas. Me doy vuelta y digo “Naaaaaaah” “Si amor -me repsonde Marce- es la Yoli!!”
No sólo fue gracioso encontrar a la Yoli, sino que verla como si los días desde que se filmó ése programa no hubiesen pasado, con el maquillaje espeso e intacto, y con la misma camisa que tenía en la TV.

la foto 5 (1)

Ésta es una de las cuantas curiosidades, y llamemosla casualidad, que se nos han presentado en el viaje. Sería una tarea que podría llegar a compararse como encontrar una aguja en un pajar, y no es que lo hicimos, no la buscamos a la Yoli, si hacíamos chistes de que la habíamos encontrado, pero nunca pensamos que podríamos llegar a encontrarla. En fin, el mundo es un pañuelo.

Gracias Monana!

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