Siguiendo el camino

Y, después de Nueva Zelanda ¿vuelven a casa? fue una de las preguntas que más tuvimos que responder, y muchas veces respondimos con un poquito de miedo al saber que capaz no era la respuesta que todos querían escuchar. Para nosotros, Nueva Zelanda fue el trampolín para saltar un poquito más alto y llegar a estas hermosas tierras: el Sudeste Asiático.

Después de unas cuantas horas en el aire, cambio de 3 aviones y varios husos horarios llegamos a Tailandia, nuestro primer destino. El comienzo de nuestra relación con éste país tan distinto al nuestro, no fue tan lindo como queríamos. El taxista que nos acercó hasta nuestro hotel, no paró el taxímetro y nos cobró unas Bahts de más, y yo le explicaba, le hacía sumas y le decía que me estaba debiendo unos 30 bahts más (que son menos de 1u$d), y él en tai me respondía con muy mala gana, se subió al auto para irse, pero no pude conmigo misma y me subí en el asiento del acompañante; después de unos cuantos minutos de discusión me devolvió 20 bahts a regañadientes, y me terminé bajando mientras lo mandaba a sembrar papas en español.

No es bueno cuando se llega a un lugar tener una mala experiencia, por más zonza que fuese la experiencia -como en éste caso, el señor sólo me quería devolver mal el vuelto, y no era la cantidad de dinero que no me devolvía, era la actitud. Porque somos de otro país y estamos viajando no significa que tenemos el dineral y que sólo porque parezco gringa me pueden engañar y pedirme más plata de lo que realmente es. Además, ése pequeño trago amargo hizo que nuestra primer noche y el día siguiente, todo nos causara desconfianza.

De a poco nuestra relación con Tailandia empezó a mejorar, sobretodo cuando llegó la noche del segundo día (que fue nuestra primera noche fuera del hotel) y por causalidad llegamos a la calle más turística de Bangkok, donde los turistas se pasean en sus ropas de verano y los Tailandeses te saturan gritándote los servicios que te ofrecen, o que si querés comer en su restaurant, que si querés comprar souvenirs, etc, etc, etc. (Es importante caminar bien por el centro de la peatonal, así nadie te encara; y más importante todavía es no hacer contacto visual, si no sos presa fácil). La calidez del clima con ése ámbito de fiesta, la gente feliz, un jugo recién exprimido en la mano, y las ganas de conocer un poquito más reapareciendo, fue el primer paso de ésta relación amorosa con el país.

DSC_7571
Si comprás comida en el puestito de Big Chang, tenés internet gratis!

DSC_7551 DSC_7563 DSC_7570

Bangkok nos regaló un poco de todo para ir amoldándonos a la cultura Thai. Cruzar la calle no es un hábito, es un deporte, pero se le agarra facilmente la mano. La comida Thai de la calle, en su mayoría es super hiper picante, y por las dudas, siempre te ofrecen un poquito más. No se puede mirar nada para ver si hay algo que te guste para comprar, porque si te vas con las manos vacías, verás caras infelices. Ellos nos miran más a nosotros que nosotros a ellos, parece que somos de otro mundo. Sonríen muchísimo, aunque no entiendan lo que digas. Los tuk tuks no te dejan ni bajarte del bus o el tren que ya te están ofreciendo sus servicios, y si les decís que no, te siguen un poquito por si cambias de idea. Hacen uso de los espacios públicos como nadie, te ponen el restaurante en la vereda, y la cocina en la casa, los peatones caminan por la calle y las motos andan por donde pueden.

DSC_7589DSC_7568

Otra causalidad nos llevó a tomarnos un bote para pasear por el río, y una parada antes de la que nos queríamos bajar, la guarda grita “Chinatown” (el barrio chino). Sue, de Nueva Zelanda, nos había super recomendado ir a cenar ahí, así que sin dudarlo nos bajamos. Caminamos por una calle semi-oscura y llegamos a la principal que de luz no le faltaba nada. Carteles en chino por todos lados, edificios altos, luces y más luces, mucho rojo y amarillo, y poco a poco nos fuimos acercando a ésa locura de todas las noches. Cierran los locales y sale la gente de todos lados a poner sus puestitos de venta de ropa, de jugos, de cosas dulces, de comida, y son cuadras y cuadras a lo largo y a lo ancho, de puestitos. La gente pasea por la calle, mientras el tráfico se acumula y trata de andar entre tanta gente por aquí y por allá, y los policías tocando silbato a cada tuk tuk para que no se frene, que siga circulando. Chinatown es una gran experiencia y nos regaló una de las mejores comidas.

DSC_7634 DSC_7600 DSC_7607

Para poder encontrarnos con unos amigos que andan por acá, decidimos quedarnos en Tailandia hasta el cumpleaños del Rey, por lo que no viajamos muy lejos de Bangkok, para poder después cruzar a Camboya (capítulo a parte). En ésas 2 semanas en tierras Thai, visitamos Ayutthaya, que fue capital del Reino antes de que Bangkok existiera, por lo que hay unas ruinas increíbles en ésta ciudad, y la feria de todas las noches junto al río nos daba el tiempo y la comida para disfrutar y relajar.

DSC_7750 DSC_7746 DSC_7756 DSC_7740 DSC_7733

También visitamos Lop Buri, donde yo tuve en 4 días, 3 peleas con monos (uno me quiso robar mi botella de agua,  y con los otros dos, aprendí que no le gustan los ruidos raros jaja), y donde nos hicimos amigos de una familia que vende chorizos en un puestito frente al Templo de los Monos. Lo más increíble de todo ésto, fue entender que uno se puede comunicar aunque exista la barrera del lenguaje. Ellos saben muy poco inglés y nosotros nada de Thai (el Traductor de Google nos ayudó un poquito), pero entre señas  y sólo con unas pocas palabras nos hicimos amigos. También tuvimos suerte porque llegamos para el Festival de los Monos, pagando una entrada llegamos a la feria donde se vendían desde medias, hasta camionetas y motos 0 kilómetro. Había teatro, bailes, montaña rusa, comida (incluídos los insectos), thai boxing, tantas cosas que ya  no puedo ni enumerarlas.

DSC_7770 DSC_7761 DSC_7824 DSC_7830 DSC_7856

Finalmente, después de pasar unas 2 noches en Korat, una ciudad un poco más al Este, volvimos a Ayutthaya para el festejo del cumpleaños del Rey.  Yo no creo que haya sido el único festejo en la ciudad, pero a dos cuadras de nuestro hostel, se cerró la calle principal por unas 10 ó 15 cuadras, se llenó de puestitos y puestos, de lonas y de gente  vestida de amarillo (demostrando su amor por el Rey). Cada dos cuadras había un escenario, por lo que al mismo tiempo había en un escenario baile, en otro una banda tocando,en otro alguien hablando, y en el principal, militares y gente del poder rindiendo homenaje al Rey (creo, porque no entendimos nada de lo que decían). A las 10pm muchos se acercaron al escenario principal, prendieron una vela amarilla, y cantaron una canción. Terminaron con fuegos artificiales y de ahí en más, poco a poco la fiesta se fue terminando.
Ésa misma noche dejamos Tailandia.

Espacio Reservado para los Monjes.
Espacio Reservado para los Monjes.
Mercado Central
Mercado Central
DSC_7998
Las sonrisas son gratis, y son el mejor regalo de Tailandia.

DSC_7899 DSC_7936 DSC_7983

Todos de amarrillo, por el Rey.
Todos de amarrillo, por el Rey.

DSC_8027 DSC_8057

el Che Guevara, en el guardabarro del camión
el Che Guevara, en el guardabarro del camión

DSC_7662 DSC_7669 DSC_7671 DSC_7685

Anuncios

2 thoughts on “Siguiendo el camino

Viaja con nosotros, déjanos tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s