Pocas Palabras

Resumir un año de viaje, en pocas palabras, es imposible.

Sobretodo cuando la que escribe soy yo, Cintia. La exagerada, la que cuenta todos los detalles innecesarios, la que no se acuerda de muchas cosas, y siempre me acuerdo todo al revéz. Pero así y todo voy a hacer el intento.

En el último tiempo nos hemos dejar llevar por la vida, la hemos estado viviendo segundo a segundo, día a día, disfrutando de todo lo que se nos cruzó por el camino. Y tanta vida estamos viviendo que nos desconectamos de la vida cibernética, y sin olvidarnos ni dejar de extrañar a todos ustedes que están de ése otro lado del planeta, o de ése otro lado de la pantalla, también nos desconectamos de la vida que dejamos antes de subirnos al avión para partir a éstas nuevas tierras que hoy son nuestro hogar.

Antes de venir a Nueva Zelanda, hicimos cenas despedidas con familia y amigos y la noche anterior a partir, nos juntamos en un bar con los amigos a reírnos entre tragos, y disfrutar por última vez (por un tiempo) de la compañía de ésos seres que nos llenan el alma. Esa noche Mica, una amiga, nos hizo un regalo muy especial. Nos regaló una guirnalda compuesta por tarjetas con frases de vida o de viaje que hacen que uno quiera salir disparado de donde está a vivir la vida.
En éstos días, mientras ordenaba un poco el desorden de mi lado de la cama, me reencontré con ésta guirnalda y releyendo algunas de las frases, me encontré con una que ahora, más que nunca, tiene un significado que conecta increíblemente con different-worldel momento que estamos viviendo: ” Cada persona es una nueva puerta a un mundo diferente”.

 

En éste año que hemos estado acá en “Kiwilandia” se nos han abierto nuevas puertas a infinidad de mundos diferentes.

Y es por eso, que contar en una sola sentada, un resumen de todo lo que hemos estado haciendo es imposible y hasta doloroso. No queremos dejar de contar nada ni queremos dejar de mencionar a tantas hermosas personas.

Pero bueno, vamos a hacer el intento.

comienzo mi nuevo camino
El comienzo de un nuevo camino

Llegamos a Auckland, Nueva Zelanda el 23 de Mayo del 2o13 a las 4.30am.  Disfrutamos de la ciudad más grande del país por 5 días y después seguimos camino a la Capital del Kiwi, Te Puke.

P1010400 Travelyan'sEn éste pueblito vivimos cosas raras, y diferentes del resto de Nueva Zelanda, pero de acá nos llevamos el corazón contento por cada una de las personas que conocimos y que compartimos las semanas. Estuvimos cosechando kiwis y después Marce trabajó en una empaquetadora de kiwis.

 

En éste pueblo la compramos a Arahura (nombre maorí que significa “Camino del Descubrimiento” ), nuestra fiel comDSC07538pañera que nos llevó a donde quisimos, una Delica Mitsubischi, que nos sirvió de cuarto para dormir, living para relajarnos, cocina para cocinar, comedor para comer.¡Una hermosura!

En patota, con unos amigos viajeros recorrimos unos días Matata, y Rotorua hasta llegar a Taupo.

Nosotros seguimos con rumbo sur para llegar a Martinborough, un pueblito muy pequeño cerca de la capital, Wellington, donde hay abundancia de viñedos. Acá convivimos con una pareja joven de kiwis (gentilicio para denominar a los neocelandeces), y Marce hacía poda de viñedos. Se levantaba a las 7 para estar a las 8 en el viñedo, para cortar y atar ramitas, durante las mañanas muy heladas del invierno.DSC08035 DSC07823 DSC07846 DSC07905 DSC07945 DSC08066

Después de haber habitado el pueblo de 5 cuadras por 1 mes y un poco más, fuimos invitados por unos amigos a una cena en la casa donde ellos estaban haciendo intercambio de trabajo por comida y alojamiento. Después de esa cena, que fue un increíble Hangui Maorí (cocinan carnes y verduras en un pozo con piedras calientes, como el curanto Mapuche en Chile) fuimos invitados a hacer el mismo intercambio, trabajar para la familia a cambio de casa y comida, y aceptamos.

Convivimos por un mes con Petra, Gordon y su adorable hija Rhiann, que después de unos días, con Marce parecían hermanos. Ellos estaban remodelando la casa así que los trabajos eran infinitos, pero las comidas eran una mejor que la otra, y la compañía de ésta hermosa familia kiwi fue una de las mejores cosas que nos regaló éste país. Después de cada día de trabajo hacíamos fuego en lo que alguna vez fue un tacho de aceite de 200l, y alrededor del calor del fuego entre cervezas y -a veces- pochoclos, charlabamos de la vida, junto con los vecinos que se acercaban a compartir ése momento con nosotros.DSC08476 DSC08260 DSC08341DSC08278

De ahí nos fuimos, porque un mes antes habíamos comprado las entradas para ver a Los Pumas jugar contra los All Blacks, si no capaz que nos hubiéramos quedado más tiempo.

El partido de rugby fue algo que valió la pena. Los Pumas hicieron un try justo del lado que nosotros estabamos sentados, y lo gritamos con muchas ganas, aunque todo el estadio estaba vestido de negro. Igualmente el partido lo ganaron los All Blacks.

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Después de tanta fiesta, viajamos a Raglan, donde otra familia nos esperaba para hospedarnos a cambio de trabajo.

Nos recibieron Sue y María (madre e hija) y a la noche llegó el marido, Luca. Con ellos sentimos un poco más de conexión, porque Luca es italiano, y aunque haya vivido más de dos tercios de su vida en  Nueva Zelanda, tiene costumbres con las que nos sentimos relacionados, como el simple hecho de hacer sobremesa, y de quedarse charlando con nosotros de infinidad de cosas. (Cosa, que aunque no suene normal, en Nueva Zelanda los kiwis comen y se levantan de la mesa)

El trabajo acá fue muy relajado. Nos dejaban una listita de las cosas que deseaban que hiciéramos, y para cuando ellos volvían a casa nosotros habíamos hecho todo, siempre los sorprendía la rapidez con la que hacíamos las cosas, o que no nos tomábamos todo el día para hacer una sola cosa. Hicimos muchas cosas, desde sacar yuyitos de la huerta, sacar plantas muy grandes con la ayuda del cuatriciclo, hasta estar a cargo de darle de comer a los terneros dos veces en el día.DSC08885 DSC08912 DSC08756 DSC08763

Sue fue quien charlando con una amiga, nos encontró un trabajo en un tambo. Así fue que de Raglan partimos hacia Morrinsville, pasando antes por Auckland para darle la bienvenida a nuestro amigo Lea (de Bariloche) que había llegado a Kiwilandia.

Una vez llegados a Morrinsville nos instalamos en la casa de Peter, el dueño del tambo. Empezamos haciendo algunos trabajos de la casa, como limpiar de malezas la huerta, cortar el césped, pintar la cerca, y demás. Poco a poco fuimos tomando mucha confianza con Peter que nos contaba sus problemas con el personal del tambo, y poco a poco nos permitió ayudarlo con algunas tareas del tambo, a tal punto que estábamos a cargo (más Marce que yo) de darle de tomar la leche a los terneros del granero, y darle comida balanceada a otros terneros en el campo.

También ayudamos a recolectar leche para un estudio que le hicieron a las vacas durante el ordeñe; ayudamos a marcar terneros y a vacunarlos; una vez por semana ayudábamos a pesarlos y separar los vendidos de los que no. Peter inseminaba a las vacas de los tambos cercanos y una vez terminaba con ése trabajo, debía inseminar sus vacas así que ayudábamos a buscar las vacas listas para inseminar, y con la preparación de los animales y de los materiales.

Lo mas lindo del mes y medio que compartimos con Peter, es que nos trató como si fueramos sus hijos. Nos hacía unas cenas increíbles, nos llevaba de paseo, íbamos al cine y tantas otras cosas. Eso y cada una de las charlas y el cariño que creció entre nosotros, es algo que no se saca del corazón y es una marca muy linda de llevar impregnada en el alma.

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Aunque a Peter y su novia Angela les hubiera encantado que nos quedáramos más tiempo, no sólo por la ayuda que le brindamos en las tareas de la casa si no por las ganas de seguir compartiendo tiempo con nosotros, también sabían que debíamos seguir camino, para visitar la Península de Coromandel antes de que fuera verano y se llenara de gente; así fue como nos invitaron a pasar un fin de semana en la casa de verano que tienen en la hermosa cuidad Whangamatae (Fangamatae) que queda en el principio de la Península.

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En la vuelta por la Península visitamos casi todos los pueblitos, que por la época en la que pasamos estaban tranquilos y con la vida pausada de pueblo.

Visitamos Hot Water Beach (Playa de Agua Caliente) donde aguas termales surgen en la arena cuando el mar baja. La gente normal va a la playa con su pala (en todos los hospedajes te dan o te alquilan palas) y en la playa hacen su propio pozo. Nosotros, bajamos cuando la marea ya estaba subiendo y con una palita plástica más chica de las que usan mis sobrinos cuando se van de vacaciones. No sé qué pretendíamos. Observamos que unas chicas se estaban preparando para irse. Estuvimos como dos halcones al acecho, y como dos parásitos, nos hicimos dueños de algo que no nos pertenecía, cuando ellas se fueron.

Fue un placer meterse en un charco con una temperatura de (creo yo) 25°C -y que puede llegar hasta los 64°C- viendo como el mar se acercaba. Y más que nada, sentir el cambio de temperatura cuando las olas rompían sobre nuestro búnker de agua caliente.

La próxima parada fue Cathedral Cove. Una cueva que con marea baja une dos playas de arenas blancas, y con marea alta las separa. Un lindo lugar para visitar, pero había tanta gente que no fue muy disfrutable. Además sucede que en Nueva Zelanda el sol quema demasiado, y en ésta playa preferimos escondernos bajo la sombra de los árboles, antes que rostizarnos bajo el fuerte sol.

Yendo de lugar en lugar nos entretuvimos viendo los paisajes, mezcla de bosques, médanos, playas de arena, playas rocosas, muchas aves, poca gente. Intentamos pescar en varios puntos, en un lugar una gaviota mal herida nos robó la carnada, en un campamento un hombre nos vio con cara de hambre y nos regaló un hermoso pescado que él mismo había pescado ésa misma mañana (tuvimos que filetearlo.. Gracias Utilisima!)

Visitamos la punta de la península (un lugar muy rústico y desolado para lo que es Nueva Zelanda) donde los campings se pagan en una caja de honor (se deja el dinero correspondiente a los acampantes, y no hay nadie que verifique que eso suceda), y en la época en la que fuimos nosotros estaban sólo los verdaderos acampantes, a los que le gusta la soledad del paisaje.  Y en ésa soledad, fue que la Península nos capturó para disfrutarla.DSC_0564DSC_0290 DSC_0429DSC_0323 DSC_0428DSC_0605 DSC_0653 DSC_0576DSC_0498

Dejando atrás la Península, seguimos viaje pasando a visitar a viejos amigos, pero con destino final: La Isla Sur de Nueva Zelanda. No sólo las 3 horas de viaje en ferry demuestran que uno está viajando a otra isla, el cambio geográfico y de vegetación de una isla a la otra es increíble.

En la isla norte  predomina el paisaje con colinas suaves y todas cubiertas de pastizales verdes, en su mayoría uno ve vacas por todos lados, y muy de vez en cuando ovejas.
En la isla sur predominan las montañas más altas, cubiertas por una vegetación baja, rala y amarilla, y en su mayoría uno ve ovejas que se diferencian mucho de las de la isla norte por su mayor tamaño y por la cantidad de lana que producen.

El paseo por la isla sur fue poco y corto, una vez que desembarcamos en la isla, sabíamos que debíamos llegar a nuestro próximo destino “Wanaka” lo más rápido posible si queríamos tener alguna chance de conseguir trabajo antes de que empezara la temporada de verano.

Visitamos Picton; Blenheim donde se producen una gran cantidad de vinos de Nueva Zelanda; Kaikoura, donde el contacto con la vida animal marítima es importantísima, es como el Puerto Madryn de Argentina, igual nos tocó clima feo y no nos pudimos quedar mucho tiempo más. Después nos desviamos por una ruta no tan transitada y conocimos lugares que no muchos deben conocer. Dormimos en un camping que no tenía luz pero sí agua caliente, y al día siguiente seguimos camino hasta llegar a Wanaka, para el cumpleaños de nuestra amiga Orianne.

(Seguir leyendo en Pocas Palabras, segunda parte.)

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2 thoughts on “Pocas Palabras

  1. Los quiero tanto pibitosss!!!! Que loco fue leerme en su blog! graciasssss!!!! que lindas palabras, que linda aventura, que lindo camino estan recorriendo! SIgan viviendo y disfrutando cada segundo! Besos giganteessss!!!!
    Mica

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